
Protección del suelo y las paredes con una estufa de leña
La chimenea del salón se elige por los metros de la estancia y su aislamiento, no por potencia máxima. Insertable, metálica o de obra: cuál encaja en cada caso.

Canalizar no es calentar la casa entera. Conviene aclararlo cuanto antes, porque es la idea con la que llega casi todo el mundo. Lo que hace un aparato canalizable es empujar por conductos una fracción del aire caliente hasta dos o tres habitaciones cercanas, y ese reparto se paga en la vivienda más que en el aparato: un paso físico por donde llevar el conducto, rejillas en las paredes de destino y un recorrido que hay que resolver antes de colocar nada. Es una decisión de obra tanto como de calefacción, y ese es justo el punto que casi nunca aparece en las comparativas.
Todo lo anterior da por hecho que hay corriente: la canalización necesita ventilador, y el ventilador necesita electricidad. Si tu casa se queda sin luz con frecuencia, la pregunta anterior es otra: estufas de pellets que funcionan sin electricidad.
De ahí que la frontera sea bastante nítida. Una estufa de pellets canalizable cumple cuando las habitaciones que quieres templar están próximas y en el mismo nivel: el aire llega con temperatura y se nota al abrir la puerta. Cua
ndo el trazado se estira hasta el extremo opuesto de la casa, o cuando lo que se persigue son los dormitorios de arriba, por el camino se pierde lo que hacía atractiva la idea. En Chimeneas Larraga seleccionamos, asesoramos e instalamos desde 1999, y con estos modelos lo primero que miramos no es cuál, sino hasta dónde: qué habitaciones entran en el plan y qué paso admite la vivienda.

Antes que la estufa de pellets canalizable va una pregunta doméstica: qué estancias quieres templar de verdad. Canalizar no reparte calor por toda la vivienda, sirve a puntos concretos que se eligen de antemano y se dejan resueltos en el trazado. Lo que no entra en esa lista al principio no entra después sin volver a abrir.
Conviene además ordenarla por prioridad. Rara vez interesa el mismo trato para el dormitorio que se usa cada noche que para el cuarto de invitados o el despacho de fin de semana, y esa jerarquía es la que decide qué habitación se lleva la salida buena y cuál se queda con el tramo largo.
El aire que reparte una canalizable pierde temperatura por el camino, y el camino no es gratis. Un trazado corto y con pocos giros entrega bastante más que uno largo y retorcido, aunque el aparato sea idéntico en los dos casos. Por eso la primera medición no es del salón: es de la distancia real hasta la habitación de destino.
Ahí está la frontera práctica de esta solución. Con la estancia pegada o a un pasillo de distancia, se nota. Cuando el recorrido se estira hasta el otro extremo de la casa, lo que llega es aire tibio: mueve el termómetro poco y no justifica lo que ha costado llevarlo hasta allí.
Es lo que más se le pide a una estufa canalizable y lo que peor encaja. Canalizar funciona con soltura en horizontal, entre estancias del mismo nivel; llevar el aire a los dormitorios de arriba es otro planteamiento, con otro recorrido y otras pérdidas. Si ese es el objetivo real de la casa, conviene decirlo desde el primer minuto.
Decirlo pronto evita el desenlace habitual: aparato colocado, obra hecha y arriba sin cambios apreciables. En casas de dos plantas hay veces que la respuesta honesta no pasa por canalizar más lejos, sino por replantear qué se calienta con qué. Eso se resuelve mirando la vivienda, no el catálogo.
Aquí aparece el coste que nadie tiene en la cabeza al principio. El aire necesita un paso físico: falso techo, hueco entre viguetas o un tabique que se abre y se cierra. Que exista un recorrido cómodo o haya que inventarlo es lo que separa una instalación sencilla de una que se lleva media casa por delante.
De ahí que el momento importe tanto como la casa. Con una reforma en marcha, el paso se deja previsto y apenas se nota en el presupuesto de obra. Con la vivienda ya terminada y habitada, hay que abrir, sujetar, cerrar y volver a pintar, y a veces bajar el techo de un pasillo para que el conducto quepa.
Una rejilla soplando en una habitación cerrada a cal y canto no templa nada. Para que el aire circule hace falta un retorno hacia la estancia del aparato, aunque sea la holgura de la puerta. Y las rejillas se colocan alto y a plomo, donde el calor se reparta, no donde queden disimuladas.
Es también la parte que más se ve cuando la obra termina. Una rejilla torcida, descentrada respecto al techo o metida detrás de un armario delata el trabajo entero, por bien resuelto que esté lo que queda oculto. Se decide su sitio antes de abrir, no cuando ya está el conducto puesto.
Conviene saberlo antes de comparar modelos por internet: las fichas de nuestro catálogo no detallan el equipamiento de canalización de cada aparato, así que no encontrarás ahí ni salidas ni alcance ni reparto. No es un descuido: son datos que dependen de tu casa tanto como del modelo, y prometerlos por catálogo sería vendértelos a ciegas.
En Chimeneas Larraga lo resolvemos en el orden inverso al del buscador: primero las habitaciones que quieres caldear y el paso que admite la vivienda, después el aparato que encaja con eso. Seleccionamos, te asesoramos e instalamos desde 1999. Para valorarlo, solicita información y cuéntanos qué estancias tienes en mente, en qué planta están y qué hay entre ellas.
Dos o tres cercanas, y el número no lo pone el aparato: lo pone el recorrido. Es la respuesta corta y conviene tenerla clara antes de comparar modelos, porque la tentación es leerlo al revés. El ventilador reparte un caudal limitado, y ese caudal se divide entre las salidas que se abran: dos habitaciones bien resueltas se templan de verdad, mientras que repartir lo mismo entre cuatro suele terminar con cuatro cuartos a medias. A
eso se suma lo que el trazado se queda por el camino, que crece con cada metro y con cada giro. Por eso una casa donde las habitaciones se tocan admite más que otra donde hay que cruzar media vivienda para llegar a la segunda.
Y por eso ese número no aparece en ninguna ficha. Ni en las nuestras ni en las de nadie, porque no es una propiedad del modelo sino del encuentro entre el modelo y tu casa. Verás equipamiento de ventilación descrito en las estufas de pellets de aire del catálogo, pero no encontrarás una cifra de habitaciones servidas, y desconfía del sitio que te la dé sin haber visto el plano. En rong>Chimeneas Larraga preferimos ponerlo sobre la mesa al revés: dinos qué habitaciones quieres templar y dónde quedan respecto al salón, y te decimos con cuáles se puede y con cuáles no. Antes de pedir presupuesto, mide el recorrido de verdad. Coge una cuerda y llévala por donde tendría que ir el conducto: subiendo a la altura del techo, bordeando la viga, girando en el pasillo y bajando al punto de la rejilla. Después estírala y mídela. La diferencia entre ese número y la distancia en línea recta que tenías en la cabeza es, casi siempre, lo que decide si canalizar esa habitación compensa o no.
Son las que separan un presupuesto realista de una sorpresa a mitad de obra, y ninguna se resuelve mirando una ficha en el móvil: hay que estar en la casa. Lo que se comprueba no es si el aparato puede canalizar, sino si tu vivienda deja hacerlo con una obra proporcionada. Las cuatro se ven en una misma visita y antes de encargar nada.
Canalizar no sustituye a la salida de humos: se suma a ella. Sigue habiendo un tubo que sube hasta cubierta: casi todos estos aparatos declaran una salida de 80 mm, y el mixto sube a 150. Aparte va el conducto de aire que reparte hacia las habitaciones. Dos trazados que conviven y hay que encajar a la vez.
Si el aire va por falso techo, el techo baja. Unos centímetros en un pasillo pasan desapercibidos; los mismos en una estancia de techo justo se notan al entrar. Medir la altura libre real antes de decidir el trazado evita la conversación incómoda de después.
No vale cualquier punto de la pared. Soplando justo encima de la cama molesta, escondida detrás de un armario no sirve de nada y enfrentada a la puerta manda el calor al pasillo. Se elige con los muebles puestos, no sobre un plano vacío.
Empujar aire más lejos exige más velocidad de ventilación, y esa velocidad se oye. En un salón con la televisión puesta da igual; en un dormitorio a las tres de la mañana, no. Es un factor a valorar antes, porque condiciona a qué régimen vas a poder usarla de verdad.
Plantearse se puede, pero es justo donde peor funciona. El aire cede temperatura en cada metro y en cada giro del trazado, y cambiar de nivel alarga el recorrido precisamente cuando menos margen queda. Estos aparatos dan lo mejor de sí entre cuartos próximos del mismo piso. Si lo que buscas es templar los dormitorios de arriba, dilo antes de elegir nada: muchas veces la respuesta honesta pasa por otro planteamiento.
La necesaria para llevar el conducto de aire desde el aparato hasta cada cuarto: falso techo, paso entre viguetas o roza en el tabique, más el hueco de cada rejilla y el repaso de pintura posterior. Si hay reforma en marcha, apenas se nota en el conjunto; en una casa terminada hay que abrir y volver a cerrar. Y todo eso convive con la salida de humos, que se resuelve aparte.
Solo si el aparato vino preparado de origen y la vivienda permite abrir el paso. No es un accesorio que se acople a cualquier modelo cuando uno se arrepiente: depende de cómo esté construido por dentro, y no todos lo admiten. Aunque el tuyo sí, quedaría por delante la parte incómoda, que es hacer el recorrido con la casa ya habitada. Conviene comprobarlo antes de comprar y no al invierno siguiente.
Descríbenos la casa: dónde iría el aparato, qué cuartos quieres templar y qué hay por el camino.
Solicita información →Nadie se arrepiente de haber canalizado dos habitaciones bien. De haber querido llegar a cuatro con el mismo aparato, sí.
Los casos reales que llegan al taller se repiten bastante, y no todos terminan igual. Ordenados de menos a más exigentes, enseñan con claridad dónde está la línea a partir de la cual el aire llega sin fuerza y la obra deja de tener sentido. Ninguna fila lleva metros: la distancia que cuenta es la del recorrido del conducto, no la que se ve en el plano.
| El caso | Obra que exige | Cómo llega el aire | Cuándo compensa |
|---|---|---|---|
| Cuarto pared con pared | Baja | Con temperatura y de forma inmediata: tramo corto, un giro como mucho y casi nada perdido por el camino. | Es el escenario que mejor funciona y el que menos discusión tiene. Basta con abrir el paso y rematar la rejilla. |
| Cuarto al otro lado del pasillo | Media | Templa bien, algo por detrás del caso anterior. Se nota al abrir la puerta, no de inmediato. | Cuando el pasillo admite falso techo o hay hueco entre viguetas. Si obliga a bajar mucho el techo, hay que sopesarlo. |
| Dos cuartos a la vez, ambos cerca | Media | El caudal se reparte entre las dos salidas, así que cada una recibe menos que si fuera única. | Funciona con los dos cuartos próximos y de tamaño contenido. Reparte peor en cuanto uno de los dos queda lejos. |
| Cuarto en el extremo opuesto | Alta | Tibio. El recorrido largo y los giros se comen buena parte de lo que salió del aparato. | Rara vez. Se hace la obra entera y la habitación apenas cambia de temperatura: el peor negocio de la lista. |
| Dormitorios de la planta de arriba | Alta | Llega poco y desigual. Subir de nivel alarga el trazado justo cuando queda menos margen térmico. | Es lo que más se le pide a una estufa canalizable y lo que peor encaja. Suele merecer la pena replantear qué se calienta con qué antes de intentarlo. |
En resumen: la canalización rinde entre cuartos próximos del mismo nivel y se degrada rápido en cuanto el conducto tiene que recorrer media vivienda o cambiar de planta. Servir dos salidas es viable si las dos quedan cerca; estirar una sola hasta el extremo contrario es hacer la obra completa para ganar muy poco. La línea no la marca el aparato, la marca el trazado que admite la casa.
Canalizar durante una reforma es media hora de previsión. Con la vivienda ya terminada, es un albañil, un pintor y todo patas arriba.
Somos expertos en soluciones a medida
Es la parte que se descubre tarde: el aparato ya está puesto y resulta que el aire caliente no llega donde se quería. Se resuelve antes, y con tres decisiones que se toman sobre el plano: a qué estancias se canaliza, por dónde va el conducto y cuánta bomba queda al final del recorrido. Dónde colocar el aparato en sí es otra conversación, y la tienes en cómo se coloca en el salón.
Cada equipo declara en su manual hasta dónde puede empujar el aire: metros de conducto y número de codos que admite sin perder caudal. No es un dato decorativo — manda sobre a qué habitaciones puedes llegar de verdad, y un codo de más cuesta más que varios metros de recto.
Con dos bocas, la más cercana se lleva casi todo el aire y la lejana se queda tibia si no se regula. Ese equilibrio se ajusta con las compuertas, pero solo existe si el equipo tiene caudal para las dos: conviene contarlo antes de comprar, no después.
El conducto necesita su camino: falso techo, tabique o el hueco sobre un armario. Si hay que bajarlo y volver a subirlo para esquivar una viga, cada rodeo se paga en caudal, y la habitación del final es la que lo nota.


Una chimenea bien elegida en un salón mal medido sigue siendo un problema.
En la visita se comprueba:
Si entre las dos estancias no hay por dónde pasar el conducto, o si el recorrido obliga a tantos quiebros que la segunda boca no va a servir de nada, se ve ahí mismo y se plantea otra solución antes de comprar nada.
Es la primera cuenta que hay que hacer, y en una canalizable se hace mal el doble de veces: no basta con el volumen del salón donde va el aparato, hay que sumar el de cada estancia que vaya a recibir aire. Una casa que canaliza a dos dormitorios está pidiéndole al equipo que caliente tres habitaciones, no una.
Y hay que restar lo que se queda por el camino. El aire pierde temperatura a lo largo del conducto, así que la última boca nunca entrega lo mismo que la primera: cuanto más largo el recorrido y más codos tenga, más se nota. Por eso el reparto se decide sobre el plano, no cuando el equipo ya está instalado.
Dos casas del mismo volumen pueden comportarse de forma muy distinta, y casi nunca es cuestión del aparato. Pesa más cómo está construida —aislamiento, carpintería, orientación— y sobre todo si las puertas de las estancias canalizadas se quedan abiertas o cerradas: con la puerta cerrada, la habitación recibe aire pero no lo devuelve, y el reparto se desequilibra. Cuánto calienta cada aparato, en cuántos metros calienta una estufa.
Quedarse corto se entiende: el salón no llega a estar confortable en los días de verdad fríos y el aparato trabaja siempre al límite. Lo que casi nadie anticipa es el otro extremo. Un aparato sobredimensionado obliga a tenerlo funcionando a media máquina para que el salón sea habitable, y ahí es donde aparecen la combustión pobre, el cristal que se ensucia antes y la sensación de que la casa está cargada. La consec
uencia práctica es siempre la misma: se acaba abriendo una ventana para poder estar, que es la forma más cara que existe de tener una chimenea. Por eso el dimensionado no se resuelve redondeando hacia arriba «por si acaso», sino midiendo la estancia y siendo honesto con cómo es la vivienda.
Conviene ponerlo en su sitio: el volumen del salón marca el terreno de juego, pero no elige el aparato por sí solo. Sobre él se cruzan la ubicación posible, el recorrido que puede hacer el conducto y el espacio libre que exige el fuego, y de ese cruce sale una lista corta de opciones reales — a veces una sola. Ese es el orden que evita los disgustos: primero la estancia, después el catálogo. En ong>Chimeneas Larraga lo planteamos así desde 1999, y por eso la visita empieza midiendo y mirando por dónde puede subir el humo. Si ya tienes claro el volumen que hay que cubrir, puedes ver qué chimeneas de leña encajan en ese rango, y si el salón pide una solución exenta que reparta en todas las direcciones, valorar también las estufas de leña.
Y si en vez de canalizar aire prefieres aprovechar los radiadores que ya tienes, lo que toca valorar es una caldera de pellets para radiadores.

Somos Chimeneas Larraga, una empresa especializada en chimeneas, estufas y cocinas de leña, insertables, pellets, barbacoas, puertas para chimeneas abiertas y revestimientos. Desde Lakuntza, trabajamos principalmente en Navarra y País Vasco, ofreciendo asesoramiento, venta e instalación para casas, caseríos, viviendas unifamiliares y proyectos profesionales.

La chimenea del salón se elige por los metros de la estancia y su aislamiento, no por potencia máxima. Insertable, metálica o de obra: cuál encaja en cada caso.

La chimenea del salón se elige por los metros de la estancia y su aislamiento, no por potencia máxima. Insertable, metálica o de obra: cuál encaja en cada caso.

La chimenea del salón se elige por los metros de la estancia y su aislamiento, no por potencia máxima. Insertable, metálica o de obra: cuál encaja en cada caso.
La que corresponda al volumen de la estancia, no a sus metros cuadrados. La cuenta es largo por ancho por alto, sumando además lo que quede abierto al salón: el hueco de la escalera, un recibidor sin puerta, una cocina integrada. Sobre ese volumen pesan el aislamiento de la vivienda, la superficie acristalada y su orientación, y qué hay encima y debajo. Con esos datos y el recorrido posible del conducto sale una lista corta de aparatos que encajan de verdad.
Porque la estancia impone condiciones que el aparato no puede cambiar. El volumen a calentar, la altura del techo, en qué pared cabe el hogar y por dónde puede subir la salida de humos están decididos antes de que entres en una tienda. El aparato, en cambio, se elige entre muchas opciones. Empezar por el catálogo lleva a descubrir tarde que por ahí no hay por dónde subir el conducto o que el salón se queda sin sitio para el sofá.
Hay cuatro ubicaciones habituales. Integrada en la pared es la más común y la que menos condiciona el resto de la estancia. En esquina aprovecha un rincón que suele perderse y abre el fuego hacia dos frentes. Exenta o suspendida radia en todas las direcciones, pero exige espacio libre alrededor y altura de techo. Y está la opción de aprovechar un hueco de obra ya existente, que depende por completo del estado del conducto antiguo.
Depende de la salida de humos, no del piso en sí. Hace falta un recorrido viable hasta cubierta, comprobar si existe un conducto aprovechable o si admite entubado, y saber qué autoriza la comunidad de propietarios. Es lo primero que hay que resolver, porque condiciona la ubicación dentro del salón y en ocasiones descarta la pared que se tenía pensada. Conviene mirarlo antes de elegir aparato, no después.
A veces sí y a veces solo sirve el hueco. Que exista una chimenea abierta no significa que su conducto valga tal cual para un aparato cerrado: hay que ver en qué estado está por dentro, si admite entubado y si su trazado encaja con lo que vas a instalar. Es una comprobación que se hace en la visita y que conviene hacer al principio, porque de su resultado depende buena parte de la solución.
Cada aparato declara sus distancias mínimas en el manual y son de obligado cumplimiento. Condicionan dónde puede quedarse el sofá, la alfombra, las cortinas, el cesto de leña y cualquier mueble de madera cercano. Es lo que más veces obliga a rehacer la distribución del salón cuando el aparato ya está colocado, así que se mira sobre el plano y antes de comprar. Tampoco conviene que el paso natural entre la puerta y la zona de estar cruce por delante del cristal encendido.
Calienta bien donde está y llega hasta donde el aire pueda circular. La radiación alcanza a lo que el fuego ve; la convección mueve el aire caliente hacia arriba y hacia las aberturas, y eso depende más de cómo esté hecha la casa que del aparato. Si se quiere que el calor llegue a habitaciones concretas hay soluciones que lo reparten, pero se deciden sobre el plano y antes de la obra, porque condicionan el trazado y no todos los modelos las admiten.
Fuentes