
Cómo fabricamos una chimenea a medida: del hueco al taller
La chimenea del salón se elige por los metros de la estancia y su aislamiento, no por potencia máxima. Insertable, metálica o de obra: cuál encaja en cada caso.

Una cocina de leña es, para la norma europea, un aparato de calefacción como los demás: desde 2022 no puede bajar del 65 % de rendimiento estacional ni pasar de 40 mg/m³ de partículas. «Sin obra» no significa «sin instalación». Significa sin albañilería: sin picar tabiques, sin levantar un macizo, sin rehacer la cocina entera. Y eso, en l
a mayoría de viviendas, es perfectamente posible. Lo que no desaparece es lo que hace que el aparato funcione y sea seguro: una salida de humos con su recorrido resuelto y, según el modelo y la estanqueidad de la vivienda, una toma de aire exterior. Ese es el punto donde muchas búsquedas de cocina de leña sin obra se topan con la realidad.
Cocinar es una cosa y hornear otra. Si lo que quieres es pan y asados de verdad, la conversación no es la cocina: es el horno de leña.
Antes de elegir modelo hay cinco cosas que deciden. Por dónde sale el humo, de dónde entra el aire, cuánto pesa el aparato y qué forjado lo sostiene, si cabe por el acceso y en el hueco previsto, y qué tipo de combustión monta. A par
tir de ahí aparece la frontera real: una cocina que solo calienta por aire encaja en el «sin obra»; una calefactora con circuito hidráulico ya no, porque lleva tubería, vaso, purgadores y conexión a la instalación. En Chimeneas Larraga lo comprobamos en una visita técnica antes de comprometer nada: seleccionamos el aparato, te asesoramos e instalamos, con venta e instalación desde 1999.

Es el punto que manda sobre todos los demás. Buena parte de los modelos de catálogo montan salida de humos de 150 mm, trasera o superior según el aparato, y esa diferencia condiciona dónde puede colocarse: la salida superior pide altura libre encima; la trasera, separación suficiente respecto al muro para girar el codo.
Si ya existe un conducto aprovechable, el trabajo se reduce a conectar y sellar. Si no lo hay, hay que crear el recorrido: eso implica un paso de muro y tubería vista o por patinillo, pero no significa picar la cocina. Aquí es donde «sin obra» se decide de verdad, y donde conviene mirar antes de enamorarse de un modelo.
Un aparato de leña quema aire de la estancia. En viviendas reformadas, con carpintería estanca y buen aislamiento, ese aire puede faltar: cuesta encender, el tiro flojea y el cristal se ensucia. Por eso algunos modelos incorporan toma de aire exterior de 80 mm.
Resolverla es un taladro pasante y una rejilla en el muro, no una reforma. Lo que no funciona es dejarlo para después: la toma tiene que ir cerca del aparato y por un recorrido corto, y eso se decide con el equipo todavía sin colocar.
Los modelos del catálogo se mueven entre 200 y 276 kg, y ese peso se concentra en menos de un metro cuadrado. En planta baja sobre solera no suele haber discusión. En un forjado antiguo de madera, o en una planta alta, sí conviene mirarlo antes.
No es una cifra que se compare a ojo con la de un mueble: el reparto de carga depende de la luz entre vigas, del estado de la madera y de dónde caiga el aparato respecto a ellas. Cuando hay dudas razonables, la respuesta no la da el catálogo, la da quien mira el forjado.
Parece trivial hasta que se falla. Hay que medir el paso real: portal, giro de escalera, rellano, marcos. Y después el hueco previsto, que no es solo el ancho entre muebles: hay que respetar las distancias de seguridad que marca cada modelo a paredes y a materiales combustibles.
Un aparato encajado a presión entre dos módulos de melamina no es una instalación sin obra: es una instalación mal hecha. También hay que dejar acceso para el mantenimiento posterior y para la limpieza del conducto, que se hace con el aparato ya montado.
Dos cocinas que se parecen por fuera pueden pedir cosas muy distintas. Cambia la regulación de la combustión, cambia el consumo de leña y cambia lo que hace falta alrededor. Algunos modelos incorporan encimera vitrocerámica practicable, otros trabajan solo con la placa de hierro.
La diferencia gruesa es otra: si el aparato solo calienta por aire, encaja en el planteamiento «sin obra». Si es calefactor y lleva circuito de agua, aparece tubería, vaso de expansión, purgadores y conexión a la instalación existente. Eso ya es otra categoría de trabajo, y lo desarrollamos más abajo.
Los cinco puntos anteriores se resuelven en una tarde con un metro y un rato de mirar. El problema aparece cuando se compran en el orden inverso: primero el aparato, después la comprobación. En Chimeneas Larraga lo hacemos al revés: visita técnica, decisión de modelo y montaje.
Seleccionamos el equipo, te asesoramos e instalamos, con venta e instalación desde 1999. Instalamos lo que vendemos, y respondemos del mantenimiento de lo que hemos instalado nosotros. Si quieres que valoremos tu caso, solicita información y lo revisamos sobre el terreno.
La expresión viene del miedo a la reforma, no del catálogo. Quien busca una cocina de leña sin obra normalmente tiene una idea muy concreta en la cabeza: no quiere escombro en el pasillo, ni una semana con la cocina inutilizada, ni un macizo de ladrillo ocupando media pared. Y esa parte sí se le puede dar. Un aparato de cocinas de leña actual se coloca apoyado, se conecta y se pone en marcha: no necesita banco de obra, ni revestimiento construido alrededor, ni tocar la distribución existente.
Lo que no desaparece es la parte técnica. El humo tiene que salir por un conducto propio y bien rematado, el aparato necesita aire para quemar y el conjunto pesa lo que pesa: de 200 a 276 kg según el modelo. Nada de eso es albañilería, pero tampoco es enchufar y listo. La diferencia entre una instalación limpia y un problema recurrente —tiro flojo, cristal negro, olor a humo— casi siempre está ahí, en decisiones que se toman antes de colocar el aparato y que después salen caras de corregir.
Antes de mirar modelos, sube al tejado o asómate al patio y localiza por dónde podría salir el humo. Si ya existe un conducto en buen estado y con recorrido aprovechable, tu margen de elección se amplía mucho; si no lo hay, ese trazado condiciona dónde puede ir el aparato, y conviene saberlo antes y no después de elegirlo.
Medimos el hueco, el paso de acceso y el recorrido del humo, y comprobamos sobre qué apoya el aparato. De ahí sale la lista de modelos que encajan de verdad en tu vivienda.
Se prepara el conducto: paso de muro protegido, tramos de 150 mm, sellado de las uniones y remate exterior. Es la parte que más condiciona el rendimiento posterior.
Entre 200 y 276 kg que hay que mover, nivelar y dejar a las distancias de seguridad correctas. Si el modelo lo pide, se conecta también la toma de aire exterior.
Se comprueba el tiro con el aparato en marcha y se explica el uso: cómo regular el aire, qué leña usar y cada cuánto conviene revisar el conducto según el uso que le des.
Cuéntanos cómo es la estancia y por dónde podría salir el humo, y te decimos qué encaja de verdad en tu caso.
Solicita información →El aparato es lo último que se elige. Primero se mira por dónde sale el humo, y todo lo demás se acomoda a esa respuesta.
| Configuración | Salida de humos | Toma de aire exterior | ¿Encaja en «sin obra»? |
|---|---|---|---|
| Cocina de aire | 150 mm, trasera o superior según el aparato | 80 mm en algunos modelos; recomendable en vivienda estanca | Sí Se apoya, se conecta y funciona. Nada de albañilería. |
| Cocina de aire con horno | 150 mm, trasera o superior según el aparato | 80 mm en algunos modelos; recomendable en vivienda estanca | Sí, midiendo Mismas conexiones, más volumen: hueco y accesos más ajustados. |
| Cocina calefactora | 150 mm, trasera o superior según el aparato | Según modelo | No Paila de 20 a 25 l, tubería, vaso de expansión y conexión a la instalación. |
Resumen: las cocinas de leña que solo calientan por aire encajan en un montaje sin obra: piden salida de humos de 150 mm y, en viviendas estancas, toma de aire exterior de 80 mm. Las de horno, lo mismo con más exigencia de medida. Las calefactoras llevan paila de 20 a 25 litros y circuito hidráulico, y quedan fuera del «sin obra». Todas pesan entre 200 y 276 kg.
El aparato es lo último que se elige. Primero se mira por dónde sale el humo, y todo lo demás se acomoda a esa respuesta.
Somos expertos en soluciones a medida
Es el orden natural y el que peor sale. Cuando el aparato ya está pagado, el hueco, el acceso y el recorrido del humo dejan de ser criterios de elección y pasan a ser problemas que hay que resolver a la fuerza. Medir antes no retrasa nada: solo cambia el orden de las decisiones.
Que exista un conducto no significa que sirva. Puede estar agrietado, mal rematado, tener una sección que no corresponde o haber quedado ciego en una reforma anterior. Conectar un aparato de 150 mm a un conducto que no lo admite no es un ahorro: es un problema aplazado.
Una cocina calefactora encaja igual de bien en la cocina, pero detrás lleva paila de 20 a 25 litros, tubería, vaso de expansión y conexión a la instalación. Descubrirlo con el aparato en casa convierte un montaje de una jornada en una intervención de otro tipo.
A veces la respuesta es que no. El forjado no está para aguantar 276 kg concentrados en un punto, el hueco se queda corto en cuanto se respetan las distancias, no hay por dónde sacar el humo sin una intervención de cierta entidad, o lo que realmente se busca no es calentar la cocina sino la casa entera. Qu
e un montaje no encaje en el planteamiento «sin obra» no lo convierte en imposible: lo convierte en otro proyecto, con otros plazos y otra conversación. Lo que no funciona es forzar el primero para acabar haciendo el segundo a medias.
Antes de renunciar, conviene probar dos movimientos. El primero, cambiar de ubicación: unos metros pueden significar apoyar sobre muro de carga en vez de sobre vano, o tener el humo mucho más a mano. El segundo, revisar si el aparato tiene que ser necesariamente una cocina. Si vas a cocinar poco y lo que pesa es el calor, una estufa de leña ocupa menos, pesa menos y comparte las mismas necesidades de humo y de aire. Es la alternativa que más veces desatasca un «no cabe».
Lo que no resuelve nada:
Entonces no estabas buscando un montaje sin obra, y no pasa nada. Las cocinas calefactoras hacen exactamente eso, y a cambio piden lo que piden: circuito, recorrido de tubería y conexión a la instalación existente. Merece la pena plantearlo así desde el principio, porque una calefactora bien resuelta rinde durante años y una improvisada da problemas desde el primer invierno.
En Chimeneas Larraga te decimos cuál de los tres escenarios es el tuyo antes de que compres nada, y si el primero no es viable, te proponemos el que sí lo sea. Seleccionamos el equipo, te asesoramos e instalamos: venta e instalación desde 1999, y respondemos del mantenimiento de lo que hemos instalado nosotros.

Somos Chimeneas Larraga, una empresa especializada en chimeneas, estufas y cocinas de leña, insertables, pellets, barbacoas, puertas para chimeneas abiertas y revestimientos. Desde Lakuntza, trabajamos principalmente en Navarra y País Vasco, ofreciendo asesoramiento, venta e instalación para casas, caseríos, viviendas unifamiliares y proyectos profesionales.

La chimenea del salón se elige por los metros de la estancia y su aislamiento, no por potencia máxima. Insertable, metálica o de obra: cuál encaja en cada caso.

La chimenea del salón se elige por los metros de la estancia y su aislamiento, no por potencia máxima. Insertable, metálica o de obra: cuál encaja en cada caso.

La chimenea del salón se elige por los metros de la estancia y su aislamiento, no por potencia máxima. Insertable, metálica o de obra: cuál encaja en cada caso.
Sí, en la mayoría de viviendas. «Sin obra» significa sin albañilería: el aparato se apoya, se conecta y se pone en marcha, sin banco de ladrillo ni revestimiento construido alrededor. Lo que sigue haciendo falta es la salida de humos y, según el modelo, la toma de aire exterior.
Se crea. No es albañilería, pero sí un paso de muro protegido y un conducto con su recorrido y su remate exterior. Ese trazado condiciona dónde puede colocarse el aparato, así que conviene resolverlo antes de elegir modelo y no después.
A veces sí, pero hay que comprobarlo antes de contar con ello. Un conducto puede estar agrietado, mal rematado, tener una sección que no corresponde o haber quedado ciego en una reforma anterior. Aprovechar uno en mal estado no ahorra trabajo: lo aplaza, y suele reaparecer en forma de tiro flojo o de olor a humo dentro de casa.
Depende del modelo y de la vivienda. Algunos equipos incorporan toma de aire exterior de 80 mm, y en casas reformadas con carpintería estanca suele ser recomendable: sin aire suficiente cuesta encender, el tiro flojea y el cristal se ensucia. Resolverla es un taladro pasante y una rejilla en el muro, no una reforma.
No. Una calefactora lleva circuito hidráulico: paila de 20 a 25 litros según modelo, tubería, vaso de expansión, purgadores y conexión a la instalación existente. Eso deja de ser un montaje sin obra. Si buscas «sin obra» en sentido estricto, el aparato tiene que calentar solo por aire.
Los modelos del catálogo pesan entre 200 y 276 kg concentrados en poco más de un metro cuadrado. Sobre solera en planta baja no suele haber problema; en un forjado antiguo de madera o en una planta alta conviene comprobarlo antes de decidir la ubicación.
Un montaje sencillo, con el conducto ya resuelto o con un recorrido corto, se hace en una jornada de trabajo. Si hay que crear la salida de humos desde cero, atravesar varias plantas o rematar en cubierta, hace falta más tiempo. El plazo se cierra después de la visita técnica, cuando se sabe exactamente qué hay que hacer.
Cuando el hueco no admite un aparato de catálogo, la salida es fabricarlo para esa casa: así hacemos una chimenea a medida. Las cocinas de leña del catálogo están en cocinas de leña.
Fuentes